El presidente Donald Trump afirmó un triunfo significativo en las relaciones comerciales con China al anunciar que los agricultores estadounidenses ahora exportan más de 40.000 millones de dólares en soja a China. Esta declaración se produjo días antes de su cumbre aplazada y trascendental con el presidente chino Xi Jinping, programada para mediados de mayo en Pekín. Trump presentó este logro como una victoria vital para los agricultores estadounidenses, gravemente afectados por los aranceles y barreras comerciales recíprocas.
El trasfondo consiste en una amarga guerra comercial iniciada en 2018 que implicó aranceles recíprocos que perjudicaron las exportaciones agrícolas, especialmente la soja, un producto crucial en el mercado chino. Los agricultores de EE.UU., particularmente en los estados del Medio Oeste, sufrieron porque China era el mayor comprador de soja. La administración Trump firmó un acuerdo comercial de fase uno a principios de 2020 que incluía compromisos de Pekín para aumentar las compras agrícolas.
Desde un punto de vista estratégico, la celebración del monto de 40.000 millones de dólares por parte de Trump es una clara maniobra electoral para captar el voto rural antes de las elecciones legislativas estadounidenses este año. La agricultura sigue siendo un sector estratégico en la rivalidad entre EE.UU. y China, con las cadenas de suministro alimentarias y los mercados de exportación como herramientas de influencia. Mostrar avances junto a China ayuda a Trump a reivindicar su postura firme y a tranquilizar a electores preocupados por la competencia económica.
Técnicamente, el aumento en las exportaciones de soja refleja tanto reducciones de aranceles bajo el acuerdo de fase uno como una demanda creciente de China al reponer sus reservas tras las pérdidas causadas por la fiebre porcina africana. China se comprometió a comprar 32.000 millones de dólares anuales en productos agrícolas dentro del acuerdo, siendo la soja el producto individual de mayor compra. Sin embargo, los riesgos geopolíticos y las interrupciones por Covid-19 aún pueden poner en peligro la continuidad del comercio.
La cumbre con Xi Jinping pondrá a prueba si este impulso comercial se mantiene o se deteriora en medio de tensiones geopolíticas más amplias, incluyendo Taiwán y el Mar del Sur de China. Cualquier avance podría estabilizar los lazos económicos tensos, pero el fracaso podría provocar una nueva escalada. Para los agricultores estadounidenses, esta cifra ofrece esperanza, aunque persiste la cautela sobre un acceso sostenible al enorme mercado agrícola chino.




