Israel ha escalado sus operaciones más allá de combatir a los militantes de Hezbolá y ha iniciado una guerra total contra el Estado libanés. Nadim Houry, exfuncionario de la ONU, advierte que los enfrentamientos actuales representan un cambio fundamental, con el objetivo de desmantelar la soberanía libanesa y limitar su autonomía política. Esto marca una ampliación de objetivos bélicos y políticos.
Las raíces del conflicto se remontan a décadas de divisiones internas no resueltas en Líbano, hostilidades entre Israel y Líbano, y guerras por poderes regionales. La integración de Hezbolá en la política y fuerzas armadas libanesas complica el plan israelí, que se ha visto obligado a ampliar sus objetivos militares. Houry subraya que la violencia refleja fallas sistémicas y tensiones prolongadas.
Estratégicamente, esta escalada podría cambiar el equilibrio de poder en Líbano, cuestionar su legitimidad e incrementar la influencia externa de Israel y sus aliados. Existe riesgo de involucrar a Irán, Siria y otros actores vinculados a Hezbolá, ampliando el conflicto regional. Esta confrontación multidimensional pone en peligro la estabilidad de Medio Oriente.
En el plano técnico, Israel emplea ataques aéreos avanzados, operaciones terrestres y ciberataques dirigidos contra infraestructura libanesa, cadenas logísticas y puestos de mando. Hezbolá continúa con tácticas de guerra asimétrica, pero enfrenta fuerte presión vía ventaja tecnológica israelí. La campaña israelí muestra preparación para un ataque multidominio dirigido a militantes y estructuras civiles.
De cara al futuro, la intensificación de la guerra profundizará divisiones internas en Líbano y avivará guerras por poderes en la región. Las negociaciones diplomáticas están bloqueadas mientras aumentan las hostilidades. Sin mediación internacional rápida, el conflicto puede crecer a una guerra devastadora con múltiples frentes, afectando severamente la seguridad regional y el suministro energético global.




