Delcy Rodríguez ha destituido al general Vladimir Padrino tras 11 años en el cargo y se ha nombrado a sí misma como su sucesora. Padrino fue un actor clave en la defensa del gobierno de Nicolás Maduro y mantuvo la estabilidad militar durante años.
Durante su mandato, Padrino supervisó la lealtad militar en medio de la crisis política, económica y el aislamiento internacional de Venezuela. Su salida representa una de las pocas alteraciones significativas en el círculo íntimo de Maduro.
Estratégicamente, la medida refuerza el control personal de Rodríguez sobre las fuerzas armadas, alterando la dinámica de poder interno y poniendo en riesgo la cohesión institucional del ejército.
En lo operativo, Padrino dirigía una fuerza militar activa estimada en más de 120,000 efectivos, además de las milicias, gestionando tanto la logística como la defensa estratégica nacional. Rodríguez ahora debe enfrentar estos retos directamente.
Este cambio puede exacerbar las disputas internas de poder y aumentar la inestabilidad política en Venezuela, con repercusiones regionales y vigilados por la comunidad internacional.




