La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha removido a todos los comandantes militares de alto nivel en una serie de reformas profundas que reconfiguran la estructura militar del país. Este movimiento ocurre después de la expulsión de Nicolás Maduro, respaldada por Estados Unidos, acelerando una transformación significativa de las fuerzas armadas venezolanas.
La destitución reciente del ministro de defensa de larga trayectoria y la designación de un antiguo jefe de inteligencia consolidan el control sobre las instituciones militares, alineándolas con el gobierno interino. La operación busca asegurar la lealtad de las fuerzas armadas en un contexto de disputa interna y presiones internacionales por el poder.
Estratégicamente, esta reforma militar limitra las capacidades de los sectores pro-Maduro dentro del ejército para organizar contraataques, fortaleciéndose el control del gobierno interino sobre la seguridad nacional. Asimismo, afecta la dinámica de seguridad en la región por la importancia geopolítica de Venezuela en América Latina.
En términos operativos, el cambio reemplaza generales y comandantes claves para reajustar las cadenas de mando y priorizar nuevos objetivos militares bajo liderazgo afín a Rodríguez, con especial énfasis en la integración de inteligencia y la preparación táctica.
Se espera que estas reformas militares profundicen la tensión con las facciones leales a Maduro, aumentando el riesgo de enfrentamientos internos en las fuerzas armadas. La estabilidad y cohesión del ejército serán decisivas para el futuro político y securitario de Venezuela en la región.


