Irán ha intensificado su amenaza contra Israel al emplear ojivas en racimo que liberan submuniciones a gran altura, logrando así superar las defensas terminales de misiles de Israel. Esta táctica satura los interceptores israelíes desde etapas tempranas y dificulta el seguimiento y la neutralización de la amenaza.
Israel ha confiado históricamente en sistemas avanzados como la Cúpula de Hierro y David Sling para interceptar misiles iraníes y de sus proxies. La introducción de esta táctica por parte de Irán representa una innovación importante para evadir las capas de defensa existentes y obliga a Israel a adaptar sus contramedidas.
Estratégicamente, esta maniobra reduce la capacidad defensiva israelí y aumenta la vulnerabilidad de objetivos cruciales, sirviendo además como modelo para otros actores que buscan desafiar la supremacía aérea israelí y alterando la seguridad regional.
Desde el punto de vista técnico, las ojivas liberan docenas de submuniciones a más de 30 kilómetros de altitud, dispersando los submuniciones para sobrecargar los sensores y sistemas de interceptación. Irán las monta en misiles Shahab-3 y Fateh-110 con alcance de 300 a 1,000 kilómetros, aumentando alcance y potencia.
Este desarrollo marca una nueva etapa en la guerra de misiles en Medio Oriente. Israel necesita acelerar tecnologías contra municiones en racimo y fortalecer la cooperación regional en defensa antimisil. Si no se adapta, enfrentará campañas de ataques intensos con consecuencias devastadoras.



