Francia refuerza su compromiso con la energía nuclear, colocando la potencia atómica en el centro de su estrategia energética nacional. Cerca del 70% de su electricidad proviene de reactores nucleares, consolidando su condición de uno de los países más dependientes del átomo.
Este programa nuclear fue iniciado en los años 70 para disminuir la dependencia de combustibles fósiles y del petróleo extranjero en medio de crisis energéticas mundiales. La medida buscó asegurar la soberanía y la independencia energética del país.
Desde una perspectiva estratégica, la apuesta nuclear de Francia fortalece su influencia dentro del sistema energético europeo y contribuye a reducir emisiones de carbono. Sin embargo, genera tensión con países que optan por energías renovables y plantea desafíos sobre la gestión de residuos nucleares y la seguridad.
Actualmente, Francia opera más de 56 reactores nucleares a cargo de EDF, con inversiones en reactores de nueva generación como el EPR (Reactor Europeo de Presión). Además, desarrolla innovaciones como los reactores modulares pequeños para mejorar flexibilidad y seguridad.
De cara al futuro, la estrategia nuclear de Francia ofrece oportunidades para consolidar su dominio energético, pero enfrenta riesgos derivados de costos crecientes, oposición pública y cambios en políticas energéticas europeas. El poder nuclear seguirá siendo un factor clave en su posición global.


