La actitud de los países del Sudeste Asiático hacia Balikatan revela un cambio sutil pero significativo en la seguridad regional. Los ejercicios de mayor escala cuentan con más socios, lo que genera inquietud en algunos gobiernos de la ASEAN. Participar podría interpretarse como un alineamiento claro con Washington y, al mismo tiempo, un riesgo de ser percibidos como parte de un choque estratégico con Beijing. Manila y Washington sostienen que las maniobras fortalecen la disuasión y la interoperabilidad regional.
Para muchos estados de la ASEAN, unirse a Balikatan implica demostrar compromiso con Estados Unidos, pero también implica costos en términos de independencia estratégica. Algunos ven beneficios en el entrenamiento conjunto y el acceso a tecnologías. Otros temen que la participación subraye una opción de política exterior en medio de la competencia entre potencias. Así, la decisión se toma con cautela y miras a preservar autonomía regional.
En lo estratégico, la decisión de participar o no está ligada al balance regional de poder. Los países evalúan cómo la cooperación puede mejorar capacidades de combate y respuestas a crisis sin comprometer su soberanía. La tensión en el Indo-Pacífico y las reclamaciones en el mar de China Meridional condicionan cada cálculo. El resultado es una diversificación de alianzas y un enfoque de seguridad más plural.
En lo táctico, Balikatan ha crecido en alcance y complejidad, con mayores capacidades para entrenamiento anfibio, defensa aérea y ciberseguridad en un marco multinacional. El programa exige recursos, logística y coordinación entre ejércitos, lo que influye en los presupuestos y en las prioridades de defensa de cada país. Las consecuencias a futuro dependerán de cuántos socios se sumen y de cuánto se consolide un marco de seguridad regional compartido. En todo caso, la disuasión y la autonomía seguirán marcando las decisiones de política exterior de la región.



