El senador estadounidense Marco Rubio declaró que EE.UU. podría reconsiderar su relación con la OTAN tras el fin de la guerra con Irán, señalando el “muy decepcionante” apoyo de la alianza en el conflicto. Esta declaración refleja crecientes tensiones entre Washington y sus aliados europeos sobre cooperación militar en Medio Oriente.
Esto sucede luego de que el presidente Donald Trump criticara en varias ocasiones a los miembros de la OTAN, tildándolos de “cobardes” y calificando a la alianza como un “tigre de papel” debido a la insuficiente distribución de cargas. Rubio condenó en particular que la OTAN haya negado el acceso a bases militares a las fuerzas estadounidenses durante la escalada en Irán.
La relevancia estratégica reside en la cohesión de la OTAN, que se ve sometida a tensión por políticas divergentes de sus miembros en medio de crisis globales. Las dudas estadounidenses sobre la confiabilidad de la alianza podrían debilitar los compromisos de defensa colectiva, generando posibles vacíos de seguridad en Europa y más allá. Los analistas advierten que esto podría mermar la disuasión frente a Irán y otros rivales.
Operativamente, las fuerzas estadounidenses dependen de los derechos de basificación para proyectar poder rápidamente en Medio Oriente. Negar este acceso complica la logística, el intercambio de inteligencia y las capacidades de despliegue rápido, vitales para un posible enfrentamiento con Irán. El conflicto también cuestiona el papel evolutivo de la OTAN fuera del área euroatlántica.
Si no se alcanzan reformas o nuevos acuerdos para restaurar la confianza, EE.UU. podría reducir sus contribuciones o buscar alianzas alternativas, fragmentando la unidad militar occidental. El período posterior a la guerra con Irán podría desencadenar un realineamiento estratégico que afecte la postura defensiva y la credibilidad global de la OTAN.
