Altos responsables de EE.UU. e Israel discuten la posibilidad real de lanzar una incursión conjunta de fuerzas especiales para capturar las reservas iraníes de 460 kg de uranio casi apto para armas, ocultas en túneles subterráneos reforzados de la instalación nuclear de Isfahán. La operación, actualmente objeto de intensos debates entre planificadores militares y de inteligencia, supondría una escalada dramática en el esfuerzo por evitar que Irán fabrique material suficiente para 11-15 ojivas nucleares.
Las tensiones por el programa nuclear iraní llevan dos décadas. Israel ha amenazado con ataques directos y EE.UU. alterna presión diplomática y sanciones. Estas discusiones surgen tras el fracaso de nuevas negociaciones nucleares y el crecimiento del enriquecimiento iraní al 60%, actividades protegidas por una red de fortificaciones precisamente diseñadas para impedir ataques aéreos o sabotajes.
Una operación para requisar físicamente el uranio sería un precedente devastador para los acuerdos de no proliferación y la seguridad internacional. El fracaso podría provocar represalias inmediatas de Irán contra intereses israelíes y estadounidenses en la región o ataques a la infraestructura energética del Golfo, abriendo el vector de una guerra regional de amplio espectro.
Pese a la retórica de unidad, ambos países persiguen fines distintos. Israel busca impedir a cualquier costo que Irán cruce el umbral nuclear, considerándolo una amenaza existencial. EE.UU. pretende evitar una carrera nuclear en Arabia Saudita, Turquía y Egipto, y mostrar firmeza ante sus aliados en Oriente Medio. Ambos saben que la captura del uranio puede detonar represalias asimétricas iraníes.
El complejo de Isfahán está protegido por concreto armado, defensa aérea de última generación y fuerzas de elite de la Guardia Revolucionaria. El stock, enriquecido al 60%, equivale a material para varias bombas primitivas. Una operación semejante requeriría inserción furtiva, guerra electrónica y extracción rápida bajo hostilidad.
Si la operación avanza, las consecuencias serían inmediatas: Irán movilizaría milicias aliadas en Irak, Siria o Líbano, atacaría intereses diplomáticos israelíes y estadounidenses o cerraría el estrecho de Ormuz. Podría también retirarse del TNP y acelerar el salto a arma nuclear. El impacto en los mercados mundiales de energía sería inmediato y severo.
Referentes históricos son el ataque israelí a Osirak en 1981 y el bombardeo a la planta siria en 2007, ambos sobre instalaciones superficiales. Nunca una fuerza extranjera intentó robar material nuclear de un búnker subterráneo defendido a este nivel—los riesgos no tienen precedentes.
Vigilancia máxima sobre movimientos militares atípicos de Israel y EE.UU., actividad anómala en Isfahán o cobertura diplomática rusa y china. Cualquier cambio súbito en la actividad civil local, órdenes inusuales a fuerzas de elite o picos en interferencia electrónica pueden adelantar la fase operativa.




