Taiwán ha avanzado formalmente en la reapertura de dos reactores nucleares previamente cerrados debido a graves problemas energéticos agravados por tensiones geopolíticas. La decisión rompe la política de eliminación progresiva de la energía nuclear y responde a un déficit eléctrico creciente.
Desde 2014, Taiwán había seguido una estrategia para eliminar gradualmente las plantas nucleares, buscando su desmantelamiento para 2025 por oposición pública y riesgos de seguridad. Sin embargo, recientes picos en demanda eléctrica y problemas de suministro derivados de las relaciones tensas con China continental obligaron a cambiar de rumbo.
Estrategicamente, esta reapertura fortalece la posición energética de Taiwán en un contexto de tensión creciente con China. Busca asegurar un suministro estable y doméstico, disminuyendo dependencia de combustibles fósiles vulnerables a la geopolítica regional, reforzando así su autonomía.
Los reactores que se buscan reactivar son las primeras dos plantas nucleares, con una capacidad de alrededor de 1,000 MW cada una. Ambas han recibido mantenimiento y mejoras de seguridad, con un plan para reactivar progresivamente a partir de este año. El gobierno destina unos 600 millones de dólares en reformas y mejoras para integrar estas plantas a la red.
Este paso probablemente intensificará los cálculos estratégicos regionales. China considera provocativa esta política en un contexto de despliegue militar. La presión sobre la seguridad energética revela la vulnerabilidad de Taiwán y puede acelerar debates nucleares en Asia. Esto podría aumentar el riesgo de conflictos.



