Arabia Saudita anunció su intención de participar en operaciones militares lideradas por EE.UU. e Israel contra Irán, invocando un pacto de seguridad mutua con Pakistán. Riad exige que Islamabad realice bombardeos sobre territorio iraní, escalando así un conflicto de larga data en la región.
Esta escalada ocurre tras ataques con misiles y drones del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) iraní sobre refinerías petroleras en Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que han exacerbado la tensión en el Golfo y afectado los mercados energéticos.
Estrategicamente, la incorporación de Pakistán al conflicto traslada el enfrentamiento del Medio Oriente a Asia del Sur, potencialmente desestabilizando una región ya volátil. La participación de Pakistán bajo el pacto de defensa mutua complica las dinámicas regionales, poniendo en riesgo su seguridad interna y las relaciones con Irán.
En términos operativos, Arabia Saudita está solicitando a Pakistán que utilice su fuerza aérea para lanzar ataques contra objetivos iraníes. Esta es una activación sin precedentes del acuerdo de defensa entre ambos países, que podría implicar la coordinación con inteligencia estadounidense e israelí.
Si Pakistán acepta, se abrirá un nuevo frente que podría involucrar a más potencias regionales y mundiales, aumentando significativamente el riesgo de una escalada mayor con repercusiones económicas y militares que superan la región inmediata.



