El conflicto en Irán ha provocado un cambio significativo en el liderazgo interno, con un aumento del poder de los sectores duros liderados por los Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC). Aunque Estados Unidos considera la situación una victoria militar decisiva, Teherán ve la supervivencia ante una fuerza abrumadora como un éxito crucial. Esto ha alterado la jerarquía política iraní, ampliando la influencia del IRGC en las políticas internas y regionales.
Este proceso responde a un fortalecimiento de los sectores conservadores en medio de presiones geopolíticas. Expertos señalan que la creciente prominencia de los Guardianes de la Revolución afecta la postura iraní en los conflictos regionales y su confrontación con occidente. Además, se revela una compleja relación entre el ejército paquistaní y el IRGC, mostrando la posición estratégica de Islamabad en la región.
Se reporta que el ejército pakistaní mantiene fuertes vínculos con el IRGC, intercambiando inteligencia y compartiendo intereses operativos. Las relaciones positivas de Islamabad con la administración Trump también destacan una matriz de poder regional multifacética, que combina cooperación y rivalidades entre actores militares clave. Esta dinámica influye en la estabilidad de Asia del Sur y Medio Oriente.
