Las estaciones ferroviarias envejecidas de Myanmar se llenan de pasajeros a medida que los precios del combustible se disparan por la guerra en Medio Oriente. Los altos costos hacen que viajar en avión o auto sea prohibitivo para muchos, lo que obliga a elegir trenes económicos y antiguos.
Periodistas de AFP que viajaron de Yangon a la capital Naypyidaw observaron vagones con aire acondicionado llenos de pasajeros que compartían comidas como arroz frito y fideos instantáneos. Esto refleja un aumento en el uso del tren, un medio que había sido desplazado por los autobuses y vehículos particulares.
Estratégicamente, este giro hacia el ferrocarril expone la vulnerabilidad de Myanmar a las fluctuaciones globales del petróleo y subraya la necesidad urgente de renovar la infraestructura de transporte. Esta transición afecta la estabilidad económica y la conexión regional en el Sudeste Asiático.
Operativamente, los boletos de primera clase cuestan 19,000 kyats (unos 9 dólares), mucho más barato que los autobuses o vuelos nacionales que se encarecen rápidamente. Sin embargo, la infraestructura envejecida limita la rapidez y frecuencia de los trenes.
A futuro, la creciente dependencia del tren podría presionar al gobierno para mejorar y expandir la red ferroviaria. Ignorar estas necesidades podría perjudicar la economía y aumentar la desigualdad en el acceso al transporte, mientras que mejorar el sistema podría fortalecer la resiliencia ante crisis energéticas.
