Japón acelera la modernización militar con la adopción de drones kamikaze y misiles de largo alcance y bajo costo para enfrentar amenazas de China y otros actores regionales. Según Yomiuri y Kyodo, Tokio usará estas armas en ataques coordinados para superar sistemas sofisticados de defensa aérea.
Esta estrategia refleja el cambio en la postura defensiva de Japón ante tensiones crecientes en los mares de China Oriental y Meridional. En vez de depender solo de fuerzas tradicionales, busca proyectar poder mediante enjambres de drones y ataques desde la distancia que complican la respuesta del adversario.
Desde un punto estratégico, esta medida indica la intención japonesa de mantener una disuasión creíble y económica, evitando plataformas tripuladas costosas y grandes flotas de misiles. Los drones kamikaze pueden saturar radares y sistemas enemigos, mientras que los misiles baratos posibilitan lanzamientos masivos contra objetivos críticos.
Técnicamente, los drones planeados actúan como municiones escoltadas que navegan de forma autónoma y realizan ataques precisos. Junto con misiles de crucero y balísticos nuevos y económicos, ofrecen opciones ofensivas escalonadas contra barcos, bases aéreas y baterías de misiles.
Este desarrollo acelera el avance de Japón hacia una doctrina de defensa más agresiva que difumina la línea entre defensa y ataque. Las potencias regionales enfrentarán mayor presión mientras Tokio amplía su arsenal multifacético para disuadir y, si es necesario, enfrentar la expansión militar china.




