La planta desalinizadora de Irán en la isla Qeshm dejó de funcionar después de ser atacada en marzo, según informó el Ministerio de Salud iraní el 30 de marzo. La instalación es vital para el suministro de agua potable y apoyo a la industria local.
Estos ataques forman parte de operaciones aéreas estadounidenses que también afectaron a Teherán e Isfahán, buscando presionar a los líderes iraníes en su programa nuclear y políticas regionales. Esta acción representa una escalada significativa en un área ya conflictiva.
Estratégicamente, el estrecho de Ormuz es una vía clave para el tránsito mundial de petróleo. La planta garantiza agua dulce para la población y bases militares, por lo que su cierre perjudica tanto al sector civil como a la postura estratégica de Irán en la región.
La planta utiliza tecnología avanzada de ósmosis inversa, con capacidad para procesar varios miles de metros cúbicos diarios. Los ataques afectaron sistemas de enfriamiento y generación de energía, dejando el complejo inoperativo y requiriendo reparaciones extensas.
Esta situación puede generar una crisis humanitaria en el sur de Irán y aumentar la inestabilidad en el Golfo Pérsico. El episodio intensifica las tensiones militares y podría afectar el tráfico marítimo internacional, los mercados energéticos y la seguridad regional.
