Irán ha perdido significativamente su control sobre las milicias aliadas en Irak, provocando un aumento de ataques contra personal e instalaciones estadounidenses. Según un antiguo operador de élite, el dominio de Teherán se debilita por rivalidades internas y dinámicas locales cambiantes.
Durante años, los proxies iraníes han influido fuertemente en la seguridad iraquí, coordinando acciones de milicias y moldeando resultados políticos. El reciente incremento de ataques evidencia una ruptura en el comando centralizado, mostrando fracturas entre Irán y sus milicias.
Estrategicamente, este declive afecta la influencia regional de Teherán y complica la protección de fuerzas estadounidenses. La mayor autonomía de las milicias crea incertidumbre y eleva el riesgo de escaladas no intencionadas que amenazan la estabilidad de Irak y las tensiones entre EE.UU. e Irán.
Las milicias suelen usar artefactos explosivos improvisados, ataques con cohetes y francotiradores contra bases y convoyes estadounidenses. Operan independientemente, usando armas iraníes pero rechazando el control, revelando un modelo de guerra por poder fragmentado.
Si esta tendencia persiste, la influencia iraní en Irak disminuirá más, fortaleciendo milicias nacionalistas y desestabilizando la región. Las fuerzas estadounidenses y aliadas enfrentan crecientes amenazas que requieren ajustar seguridad y diplomacia para gestionar riesgos de crisis.

