Con la guerra intensificándose en Medio Oriente, los políticos duros de Irán exigen públicamente que Teherán abandone el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Esta demanda surge mientras ataques estadounidenses e israelíes impactan infraestructuras clave en Irán, afectando sus capacidades nucleares y militares.
Firmado en 1968, el TNP es la base del control global de armas nucleares, limitando la proliferación. La salida de Irán podría desmantelar años de esfuerzos negociados para controlar las armas nucleares, especialmente en una región volátil, marcando una ruptura importante con su política previa.
Estratégicamente, abandonar el tratado permitiría a Irán desarrollar armas nucleares sin supervisión internacional, acelerando la carrera armamentista en la región. Esto podría llevar a que estados vecinos también impulsen sus programas nucleares, elevando el riesgo de enfrentamientos y aumento de la tensión militar.
Actualmente, Irán opera instalaciones de enriquecimiento de uranio como Natanz y Fordow con centrifugadoras avanzadas. Su stock de uranio enriquecido podría ser suficiente para armas en pocos meses si se libera de restricciones. Según inteligencia estadounidense, el tiempo para un arma nuclear varía entre meses y un año, dependiendo del acceso al uranio.
La consecuencia inmediata sería un cambio drástico en la seguridad regional, con nuevas sanciones, posibles ataques preventivos y riesgo de guerra aumentada. La diplomacia internacional tendrá que enfrentar una crisis sin precedentes en el marco de no proliferación nuclear.
