Los recientes ataques militares de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes revelan la dinámica operativa del orden internacional liderado por EE.UU. Aunque este marco sostiene el dominio geopolítico estadounidense, externaliza riesgos y presiones económicas hacia el Sur Global. Los mercados emergentes soportan los impactos inflacionarios debido a las agresivas políticas de tipos de interés de EE.UU. Al mismo tiempo, los conflictos por intermediarios apoyados por Washington prolongan la inestabilidad en regiones lejanas.
Este patrón mantiene la estabilidad económica y política relativa dentro de EE.UU., transfiriendo los costos del conflicto global y los ajustes económicos a otros lugares. Los países en desarrollo en Asia, África y América Latina sufren importantes tensiones financieras y desafíos de seguridad.
Estratégicamente, esta transferencia de riesgos debilita la cohesión del orden mundial actual y genera reacciones contra la hegemonía estadounidense. Muchos países del Sur Global resisten cada vez más ser escenarios de batallas indirectas y volatilidad económica, buscando asociaciones diversificadas y autonomía regional. Este cambio amenaza la sustentabilidad del predominio global de EE.UU.
Desde el punto de vista técnico, las decisiones financieras de la Reserva Federal tienen efectos globales, elevando los costes de endeudamiento en economías vulnerables. Militarmente, las guerras por intermediarios en Oriente Medio, África y otros puntos calientes reflejan la proyección indirecta del poder estadounidense, complicando los entornos de seguridad global.
El cierre de estos mecanismos “de ventilación” podría acelerar la fragmentación geopolítica y presionar el sistema liderado por EE.UU. Los movimientos de los Estados emergentes para protegerse de las conmociones impulsadas por EE.UU. podrían remodelar alianzas, redes comerciales y dinámicas de conflicto en los próximos años.

