El agricultor filipino Elmer Ullani condujo siete horas para vender 10 toneladas de repollo en el norte de Filipinas pero regresó con el tanque vacío y casi sin ganancias. Tras tres cosechas, Ullani ganó solo 90,000 pesos (US$1,482), todo absorbido por los altos costos del combustible.
Originario de Tinoc, provincia de Ifugao, sus ingresos mínimos reflejan cómo los precios crecientes del combustible afectan a los agricultores, prolongando la pobreza rural en medio de tensiones geopolíticas entre EE.UU. e Irán. El miedo a la guerra eleva los precios del combustible globalmente, presionando a las comunidades agrícolas.
Este caso muestra la peligrosa interacción entre conflicto militar y crisis económica, donde sanciones y riesgos de guerra aumentan costos de insumos vitales como el combustible. Países dependientes de importaciones energéticas y exportaciones agrícolas enfrentan vulnerabilidades a largo plazo si la hostilidad escala.
La situación de Ullani ejemplifica los retos operativos para los agricultores: el costo de transportar productos a mercados distantes supera cada vez más sus ingresos. El aumento del precio del combustible erosiona márgenes de ganancia ya ajustados, amenazando la seguridad alimentaria.
Si las tensiones entre Washington y Teherán continúan, economías rurales en países en desarrollo como Filipinas sufrirán más. La desescalada del conflicto EEUU-Irán es urgente para estabilizar mercados de combustible y proteger medios de vida agrícolas vulnerables globalmente.
