Investigadores chinos presentaron el mes pasado un detector de gravedad que utiliza un dispositivo de interferencia cuántica superconductora (SQUID) con una precisión sin precedentes a nivel mundial. Este avance permite detectar fluctuaciones minúsculas en el campo gravitatorio.
La tecnología SQUID funciona midiendo cambios muy pequeños en la gravedad, lo cual puede servir para identificar objetos ocultos o subterráneos, como recursos naturales o submarinos. El equipo afirma que tiene aplicaciones tanto científicas como militares.
El significado estratégico es crítico: si China incorpora estos sensores en su red naval, podría detectar y seguir la pista de los submarinos balísticos nucleares estadounidenses, afectando la base de la disuasión nuclear de Estados Unidos y cambiando las tácticas de guerra antisubmarina en la región Indo-Pacífica.
Si bien las especificaciones técnicas exactas permanecen clasificadas, los sensores SQUID suelen requerir refrigeración criogénica y pueden captar cambios gravitacionales menores que el peso de un vehículo estacionado, permitiendo detectar anomalías de submarinos sumergidos.
De cara al futuro, China podría acelerar la militarización del SQUID para vencer la ocultación submarina, impulsando una carrera tecnológica en detección sumergida que podría desestabilizar las relaciones estratégicas en aguas disputadas.
