Estados Unidos realizó bombardeos en posiciones de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF) alineadas con Irán en la provincia iraquí de Anbar, causando la muerte de siete combatientes. Según una fuente policial citada por Al Jazeera, el ataque forma parte de una serie de operaciones para limitar la influencia de milicias respaldadas por Irán cerca de la frontera occidental de Irak.
Las PMF, una coalición de milicias mayoritariamente chiíes ligadas a Teherán, se fortalecieron desde 2014 y son vistas por Washington como una amenaza debido a sus vínculos con Irán y las agresiones contra fuerzas estadounidenses y de la coalición.
Estrategicamente, este ataque es una escalada de la campaña estadounidense para frenar las redes proxy iraníes en Irak. Al atacar estas fuerzas, el ejército busca interrumpir las líneas de suministro y disminuir la capacidad de Irán para proyectar poder hacia el oeste. La región de Anbar es un punto clave por su cercanía con Siria y los corredores logísticos iraníes.
Los combatientes abatidos pertenecían a una unidad miliciana conocida por operaciones transfronterizas y ataques contra fuerzas de la coalición. Estados Unidos usó ataques aéreos de precisión con drones y aviones de combate equipados con municiones inteligentes para minimizar daños colaterales y maximizar impacto.
La muerte de estos siete combatientes puede provocar represalias por parte de las PMF o grupos aliados, elevando el riesgo de más inestabilidad en una zona ya marcada por tensiones sectarias y guerras por proxies. Expertos advierten que esta violencia podría expandirse y atraer a actores regionales, aumentando la confrontación entre Irán y Estados Unidos.
