La Guerra Cibernética por Actores Estatales
La guerra cibernética se ha convertido en una dimensión indispensable del conflicto estatal. En este ámbito, donde la posibilidad de negación plausible es alta y la disuasión no es tan funcional como las amenazas nucleares o convencionales abiertas, los estados recurren a las herramientas cibernéticas para múltiples propósitos, desde el sabotaje de infraestructura hasta la recopilación de inteligencia.
Stuxnet, operación conjunta de EE.UU. e Israel, quedó en la historia como la primera prueba concreta de que las armas cibernéticas pueden dañar la infraestructura física; este ataque causó graves daños al programa nuclear iraní. Los extensos ataques cibernéticos de Rusia contra Ucrania incluyen cortes de redes eléctricas, colapso de sistemas bancarios y campañas de desinformación. El malware NotPetya, que se propagó globalmente desde un ataque dirigido a Ucrania, causó miles de millones de dólares en daños.
Las operaciones cibernéticas de China superan a las demás en escala y continuidad en el ciberespionaje corporativo dirigido a los sistemas de los gobiernos occidentales y las redes de los contratistas de defensa. Las actividades cibernéticas con motivación financiera de Corea del Norte han proporcionado miles de millones de dólares en ingresos con diversas operaciones, incluidos robos de criptomonedas, haciendo las sanciones parcialmente ineficaces. El problema de la disuasión relacionado con el dominio cibernético permanece sin resolver.